viernes, 14 de mayo de 2010

Como me gusta a veces el no hacer nada.
Nada de nada.
Sólo disfrutar del no hacer, de la pausa, del paso del tiempo solo por el gusto de que pase.
Disfruto mucho más cada momento así que cuando estoy super liada. Que cosas.

En recuerdo de mi gordi, que en paz descanse.

miércoles, 14 de abril de 2010

miércoles, 7 de abril de 2010

María dice:

Lo que me pregunto es por qué casi todo el material postporno que se está produciendo es sobre sadomasoquismo, hardcore, placer y dolor. Todas estas mujeres produciendo pornografía alternativa, porque el movimiento es mayoritariamente femenino, aceptémoslo, buscando discursos que representen su sexualidad y esa sexualidad es una sexualidad sadomaso, violenta, dura. ¿Por qué queremos contar eso? Porque ésa es nuestra realidad, obviamente. Creo que en la sociedad en la que vivimos acumulamos tanta frustración y dolor, que la única manera de sacarlo es a través de las prácticas SM. ¿Qué vamos a hacer sino para poder sentir? Para poder sentir con mayúsculas, sentir de verdad. Y, al fin y al cabo, el postporno viene de la cultura punk, y el punk reivindica el dolor, la crudeza y la agresividad como forma de expresión contemporáneas.
Así que la Caperuzita Roja del cuento, después de ser violada, gopeada y humillada durante siglos, quiere asumir el papel de lobo. Pero son demasiados los abusos a los que ha sido sometida, así que nos vemos obligadas a pegarnos entre nosotras para poder abrir, sentir y llorar las heridas que heredamos de generaciones y generaciones de fábulas. Y así redimirlas y escribir nuevos cuentos.

María Llopis en "El postporno era eso", ed. Melusina.


Me parece muy interesante de lo que habla aquí María, de la violencia, el dolor y la crudeza como forma de expresión contemporánea (punk o no).
Yo personalmente no me siento atraída por las prácticas SM (más allá de algunos momentos o casos puntuales) pero puedo entenderlo. Porque sí siento esa atracción por la violencia y el dolor y sí siento las ganas de sacarlo todo a hostia limpia. O al menos lo he sentido bastantes veces. Una vez hace ya años, con una amiga en Roma, hablamos de esto. Ella quería saber porqué yo hacía cortos tan violentos, qué me atraía o llevaba a contar las cosas así y no de otro modo. Ella había encontrado en el sexo una salida a su agresividad y era bastante nuevo. Yo le dije que para mí los cortos hacían la misma terapia. Quizá de un modo más pasivo, no lo niego, pero a cada una le va lo que le va. Recuerdo cuando rodé No love lost o, más bien, cuando pensé en la idea. Tenía tantas ganas de pegar o de que me pegaran, estaba tan enfadada con todo. Estaba en clase y en mi cabeza sólo había imágenes de alguien metiéndole de hostias a otro alguien, sin más, a saco. Luego en realidad la historia sólo fue una excusa para rodar eso, para sacarlo de dentro de mi.

Hay algo muy bonito en la violencia. Y muy atractivo también.

Cuando tenía 6 años mi madre me apuntó a boxeo francés, porque mi madre me apuntaba a todas las actividades extraescolares posibles. Era muy pequeña pero lo recuerdo muy bien. Para quien no lo sepa, el boxeo francés es un boxeo con patadas. Casi todo vale. Yo con mis 6 añitos recuerdo que tanto el casco como los guantes me iban grandes y mi madre nunca se acordaba de comprarme un protector de esos que van en la boca así que tenía que usar los del gimnasio. Luego en casa cogía los tomates o las pieles de naranja, los ponía sobre mis encías fingiendo que eran protectores y ponía los puños en guardia y golpeaba al aire como una loca.
Total, en aquella clase había niños y niñas de diferentes edades, todos juntos y a veces te tocaba entrenar con alguien mayor que te pegaba una buena tunda. Una vez me tocó con Anaïs, una niña unos años mayor que yo cuya madre era amiga de la mía y que me metía un montón de mano cuando íbamos a su casa a cenar. Ella me trató bien, recuerdo que me hacía daño pero casi sin querer y mira al profesor en plan "es que es muy pequeña". Pero el gran día fue cuando me pusieron con Gaspar. Gaspar era un niño de mi clase que me compraba los besos en la boca a cambio de poder jugar al ordenador. Maldito, así se lo hizo para que fuéramos novios. Era un francesito rubito llorica y listo. Le pegué la paliza de su corta vida. El profe tuvo que venir a decirme que sólo estábamos practicando y que no había que pegar de verdad, pero él ya estaba llorando. Fue mi maravillosa manera de vengarme de su chantaje tecno-sexual. De entre todas las actividades extraescolares, esa realmente me encantaba, mucho más que el coro (del que creo que me echaron).
La verdad es que hasta antes de la adolescencia yo era una pequeña salvaje introvertida y trepadora.

Bueno se me ha ido la pinza del tema pero como es mi blog hago lo que quiero.
Todo esto venía por la idea de que la violencia tiene cosas muy potentes, muy atractivas, muy interesantes y muy bellas. Y además está dentro de nosotras, ahí, a veces palpitante pero presente igual. Y es bonito aprender a disfrutar de ella, sea del modo que sea, y a dejarla salir para no explotar por dentro.

Esto lo rodé en segundo de la ESCAC como práctica de cine. Las premisas eran: toma esta lata de 16mm, sin banda de sonido, y rueda un conflicto entre dos personas.

jueves, 1 de abril de 2010

Si fuera o hubiera sido creyente alguna vez, seguramente Stalker sería mi película favorita.
También se parece mucho a la película que yo querría hacer, que quiero hacer pronto.

Sea como fuere, Stalker es una maravilla.

Aquí dejo "A walk in The Zone", un montaje que alguien ha hecho y colgado en youtube con los planos que enseñan La Zona, ese personaje co-protagonista que es un personaje-lugar increíblemente bien rodado. Puto Tarkovsky, qué bueno era.


sábado, 20 de marzo de 2010

viernes, 19 de marzo de 2010

Cosas que echo de menos de Londres:

El Double Gloucester, el Caramel de Galaxy y las galletas guarras de la pastelería del Saynbury’s con caramelo y chocolate.

Los negros. Y el rollito negrata. Madre mía, el cheesecake. La sensación de estar en una gran ciudad. Las luces, el cielo de nubes rápidas. Las cheeseburguers de pound y medio, extremadamante guarras y adictivas. El color ladrillo, la presencia del ladrillo. El DLR y el Overground. Que nadie te mire por la calle.

Los parques que no son mas que inmensos espacios abiertos y verdes en medio de la ciudad. La gente bien vestida y el inglés con mil acentos. Las caminatas. El sentimiento cálido del spanish gueto. Que lo primero que te pregunte la gente es de dónde eres. El arte. La viabilidad de vivir en una casa con jardín.


















ventana de mi habitación en Londres y mi habitación de Barna

Cosas que me gustan de Bar
celona:

Moverme siempre sin un mapa. Tener recuerdos muy antiguos. El shawarma del Buenbocado de la calle Escudellers.

Poder entenderme con todo el mundo sin hacer un sobreesfuerzo. La luz. Poder ir al mar. Las gelatinas de fresa del Consum y los cafés de verdad. El cortado. El rollito del vermut al sol un domingo. Y que haga sol el día entero. Los mercados. La familiaridad en ciertos momentos y la arquitectura.

El Raval. Mi madre. Los pisos grandes y los pasillos largos.

martes, 2 de marzo de 2010



A veces me invade una terrible sensación de tristeza y nunca se muy bien cómo quitármela. Puede venir con cualquier cosa, la más tonta. Y puede irse también del mismo modo. Pero éste casi nunca es un proceso rápido.
Cuando estoy así cualquier cosa puede hacerme llorar, cualquier cosa que me implique a mí interactuando con algo. O no. En realidad no se.

Hoy querría escapar y no dar cuentas de nada. Salir por ahí, volverme un poco loca, ver a gente que no veo nunca. Hoy es insoportable estar en mi cabeza.
He probado salir y despejarme, he probado concentrarme en algo serio y ahora probaré ir a clase de inglés a ver qué pasa, aunque los deberes he sido incapaz de terminarlos.

El otro día soñé que Londres tenía la forma de Portugal.

Cuando estoy así no se qué hacer porque no entiendo muy bien lo que me pasa. Sólo quiero escuchar Portishead y meterme debajo de la cama aunque al mismo tiempo eso es justo lo que menos me apetece. Ya se que no tiene sentido.

En un rato saldré a la calle y luego, o mañana, todo pasará. Porque las cosas me van bien, porque todo va a estar bien; en realidad no tengo ninguna queja.


La foto de arriba es de Ana Busto, una colega de mi madre.