sábado, 28 de marzo de 2009

Casi siempre empieza Polanco: Mirá, soñé que estaba en una plaza y que encontraba un corazón en el suelo. Lo levanté y latía, era un corazón humano y latía, entonces lo llevé a una fuente, lo lavé lo mejor que pude porque estaba lleno de hojas y de polvo, y fui a entregarlo a la comisaría de la rue de l'Abbaye. Es absolutamente falso, dice Marrast. Lo lavaste pero después lo envolviste irrespetuosamente en un diario viejo y te lo echaste al bolsillo del saco. Cómo se lo va a echar al bolsillo del saco si estaba en mangas de camisa, dice Juan. Yo estaba correctamente vestido, dice Polanco, y el corazón lo llevé a la comisaría y me dieron un recibo, eso fue lo más extraordinario del sueño. No lo llevaste, dice Tell, te vimos cuando entrabas en tu casa y escondías el corazón en un placard, ese que tiene un candado de oro. Vos imaginate a Polanco con un candado de oro, se ríe groseramente Calac. Yo el corazón lo porté a la comi, dice Polanco. Bueno, consiente Nicole, a lo mejor ese era el segundo, porque todos sabemos que encontraste por lo menos dos. Bisbis bisbis, dice Feuille Morte. Ahora que lo pienso, dice Polanco, encontré cerca de veinte. Dios de Israel, me había olvidado de la segunda parte del sueño. Lo encontraste en la Place Maubert debajo de una montaña de basura, dice mi paredro, te vis desde el café Les Matelots. Y todos latían, dice Polanco entusismado. Encontré veinte corazones, veintiuno con el que ya había llevado a la policía, y todos estaban latiendo como locos. No lo llevaste a la policía, dice Tell, yo te vi cuando lo escondías en el placard. En todo caso latía, concede mi paredro. Puede ser, dice Tell, el latido me tiene por completo sin cuidado. No hay como las mujeres, dice Marrast, que un corazón esté latiendo o no lo único que ven es un candado de oro. No te pongas misógino, dice mi paredro. Toda la ciudad estaba cubierta de corazones, dice Polanco, me acuerdo muy bien, era rarísimo. Y pensarq ue al principio solamente me acordaba de un corazón. Por algo se empieza, dice Juan. Y todos latían, dice Polanco. De qué les podía servir, dice Tell.

Pasaje de 62/modelo para armar, de Julio Cortázar.


Este es el otro libro que me estoy leyendo.
No hay mucho que vaya a decir de Coratázar porque cualquier palabra se queda corta. Creo que una de las cosas que me gustan de él es que habla de lo grande mediante lo pequeño. No se.




viernes, 27 de marzo de 2009

Lunática

Pata Negra son el pasado y el futuro para mi. El pasado porque suenan a mi infancia, a un cierto canallismo, a Juan. El futuro porque es ahí cuando los he podido entender y donde los voy a seguir disfrutando. Quería hacerle justicia a este grupo que saca de mi lo más auténtico.



y en mis sueños tengo yo
una mujer y la luna

la mujer siempre vestía
la luna siempre desnuda

cuando yo me desperté
junto a la mujer desnúa
cuando va con el ensueño
se iba a cantar bajo la luna


que tú no te vista má
que tú no te vista má
que er vestío más bonito
y el que no te tapa na


y en mis sueños tengo yo (...)

cuando yo me desperté
junto a la mujer desnúa
por los balcones del sueño
ay se va cercando la luna


que tú no te vista má
que tú no te vista má
que er vestío más bonito
y el que no te tapa na

martes, 24 de marzo de 2009

El sábado después de currar fui a una fiesta. Más bien pasé por una fiesta porque no creo que estuviera más de 40 minutos. Pero eso sí, fueron 40 minutos memorables.
Debían ser alrededor de la una cuando llegué. Eso es bastante tarde en este país pero la fiesta aun estaba animada. Era en una casa, la de AJ. Las muchas chicas habitantes de esta casa victoriana de 4 pisos daban una fiesta benéfica y temática: oro, plata y negro. Y quien quiera que de unos pounds para la causa (que no llegué a saber cuál era).
Total, llego yo toda serena del curro y me abre la puerta Esther: mallas doradas, top a lo Barbarella (también dorado) y purpurina en el pecho. Awsome. Me dice que pase, está un poco exaltada. Esta mejicana trabajadora en un centro budista y muy interesada en el cine no deja de sorprenderme. Me conduce hasta la pista de baile, donde veo a su novia Trish: casi mismo modelito pero en plateado. Ahora lo entiendo todo. Saludo. Me presentan a un tía con un ojo muy maquillado a lo David Bowie que grita y tiene un acento que no entiendo bien. Ella también es filmmaker. Hacemos bromas sobre lo mal que nos caemos entre nosotros, los filmmakers. Veo a AJ de lejos, me acerco por la espalda, se gira y me abraza. Me encantan sus abrazos.
AJ es la perfecta anfitriona: enseguida me dice que qué quiero tomar y me conduce mágicamente entre la gente por las habitaciones. Me da vino tinto Castillejo No Se Qué y en la cocina, como quien no quiere la cosa, me presenta a dos tías y les dice “she’s Lola, she’s a filmmaker from barcelona”, ellas responden uuhhh!!! a la vez mientras yo río y sigo a AJ hacia el salón. Allí me enseña la comida que queda, toda ultravegana que ha preparado ella, of course. Alguien le toca por el hombro y yo me retiro en busca del baño, con mi copa de vino español.
Camino al baño encuentro a una mujer que parece perdida. Me pregunta si se dónde está el baño. Se lo muestro. Está ocupado así que esperamos. Me pregunta si yo también soy una de las chefs veganas. Le digo que no, que para nada, que no soy ni vegetariana. Ella dice que la fiesta está llena de chefs veganos y yo la creo, acabo de llegar. Nos reímos un poco y aparece otra de las habitantes de la casa (la nueva que no se cómo se llama y que no parece pegar ni con cola allí). Se para a saludarme y me dice que la peli del otro día Esther le ha dicho que era muy interesante pero dura de ver. El jueves vimos Salò en nuestra primera cita del Cine Club en esa misma casa. Le digo que sí y que dejé la peli así que si quiere puede verla. Me dice que no sabe y yo la animo a que lo intente. Siempre la puede quitar si no le está gustando, le digo. Me toca en el baño. Por el momento estoy que me salgo con el inglés a ver si no me entra el bloqueo. Me quito una de mis tres capas de ropa y salgo. No conozco a casi nadie así que me acerco a picar algo. AJ está junto a la mesa rodeada de butches bajitas que escuchan fascinadas sus explicaciones culinarias. Me cruzo con la del lavabo, me dice “see? Is all full”, nos reímos pero sigo mi camino. Veo un lugar en un sofá y voy a por él. Es hora de hacerse un porro. A mi izquierda una chica aparentemente cansada y, en mi recuerdo, pelirroja. A mi derecha una mesa improvisada para la DJ, que está encantada con el público. Delante mío los bailantes. La chica de la izquierda me saluda enseguida con un “hi” y un movimiento de mentón. Empezamos a hablar, no recuerdo bien ni cómo ni de qué. Cosas como y tu a quien conoces? Ah, acabas de llegar? Antes había mucha más gente... Me pregunta si soy francesa, cosa que me hace mucha gracia. “No, Spanish, from Barcelona”. God, a la gente le encanta Barcelona, es increíble. Le pregunto a ella: Scotish. Pienso que la entiendo muy bien para ser escocesa y a pesar del bafle junto a mi oreja. Me sigo haciendo el peta, una tía se sienta al lado de las escocesa. Hablan. No me da la sensación de que se conozcan mucho así que interpreto que se han conocido en la fiesta, aunque no le doy muchas vueltas. Al poco esta tía “nueva” me dice que si can she get me a drink? No, thanks (le enseño la copa) I still have some. A esta sí me cuesta entenderla. Se mueve rápido, como nerviosa. Pero como son la una y pico pienso que estará borracha o algo. La chica de mi lado se ríe y me dice “she’s German”, dando por supuesto que lo explica todo. Sonrío, me lo estoy pasando bien. “That smells good”, me dice de nuevo. Sí, mi costo huele muy bien. Noto que se muere de ganas de probarlo. Me dice que saldrá conmigo cuando vaya a fumar, que está esperando la llamada de un taxi. Fine. Salimos al patio porque evidentemente en la casa no se puede fumar. Nadie tiene fuego y mi mechero dorado, que he traído ex profeso, no funciona. Lo enciendo con la vela. La escocesa (que ha sido incauta y ha salido en manga corta con lo que se está jodiendo de frío) me cuenta que cuando tenía unos doce años fue con sus padres a Barcelona y después de un largo día de turisteo fueron a visitar la casa de Gaudí (“have you been there?/No/Oh..”) y que ella estaba tan cansada que vio la cama del maestro arquitecto y se tumbó en ella hacer una siesta y como en aquella época aun no había cámaras de vigilancia y tal pues se quedó un rato. Le digo que si algún día voy allí me acordaré de ella. Le paso el porro. Casi se ahoga, pero con estilo. Vamos dentro. Me las arreglo para escabullirme: demasiado rato con la misma persona. Me parece maja pero hasta aquí. Doy un par de vueltas más, me encuentro a AJ en la cocina y me presenta a otra mujer, una montadora con pinta de estar bien situada. Sin pensarlo le pregunto dónde puedo conseguir trabajo. La mujer parece descolocada, veo que se agobia un poco pero que realmente está haciendo un esfuerzo por ayudarme. Le digo que don’t worry (soy consciente de que he sido un poco agresiva) y quedamos que ya le mandará a AJ un mail para que me lo pase. Sí, seguro... pero la intención es buena. Mucha gente se está marchando y yo voy muy fumada con lo que mi nivel de inglés ha bajado drásticamente, así que decido irme. Sólo quería hacer acto de presencia porque llevan semanas hablando de la fiesta y total vivimos a diez minutos.
Cojo mis cosas, me despido de AJ, salgo al pasillo y me encuentro a Esther sentada en un taburete y envuelta en una bolsa de basura negra, el pelo mojado. La del ojo a lo Bowie frente a ella, tijera en mano ¿¿Le va acortar el pelo?? En efecto. Le digo que mañana se acordará de esto y saco una foto (por si no). En ese momento vuelvo a encontrarme a la escocesa pelirojiza que también se está poniendo a chaqueta. El pasillo es un lugar muy estrecho y estamos todas como amontonadas. Me dice it was nice to meet you, está intentando despedirse, y yo le pregunto que cómo se llama: Claire. Le doy la mano, como hacen aquí y como si nos acabáramos de conocer: Lola. Me intento despedir de Esther, su novia y la peluquera-fimmaker, que entonces me confiesa que ya nos conocíamos y yo, que soy incapaz de recordar hasta mi propia edad, quedo fatal. Y entre medio de todo el barullo y mi fumada y el inglés a gritos me tropiezo con la alemana que también se está marchando y que resulta que es pack con la escocesa, le digo bye y así como quien no quiere la cosa me dice que si me quiero ir con ellas. Primero no lo pillo y pienso que me ofrece acercarme a algún lado. Le digo que no thanks y hago un gesto de irme. Y entonces veo y oigo que le dice a Claire “I told you...”, casi satisfecha.
Salgo. En los 4 segundos siguientes sí pillo lo que me decía. Además su acompañante ya sabía que vivo al lado. Y así, en un momento de confusión y colocón, con el frío en la cara, me doy cuenta de que me acaban de proponer algo que siempre había querido que me propusieran. Una pena que no me levantaran el más mínimo interés. De todos modos no dejo de sentirme perpleja por los acontecimientos. Sólo habré hablado (con una de ellas) 15 minutos a lo sumo. No he estado en la fiesta en toda la noche, no sabe prácticamente nada de mi (y yo de ella menos), no tiene ninguna pinta de folladora y casi ni de bollera. Me parecería muy extraño meterme en un taxi con una pareja en tales circunstancias ¿y si de golpe me quiero ir?. Me pregunto qué habría hecho si me hubieran atraído físicamente (la alemana no estaba mal, la verdad), ¿me habría marchado con ellas? ¿O lo habría dejado en un simple subidón de autoestima? Seguro que me habría puesto nerviosa y habría perdido la soltura, matando todo interés por mi.
Pero este suceso me da que pensar. Toda la vida deseando que alguien me proponga algo así y ahora no se si sería capaz de hacerlo. Bueno, en realidad supongo que todo depende de la conexión. Si hay conexión, aunque hayas hablado 5 minutos, la cosa cambia.

Aquí lo dejo. A ver si algún día (cuando haya conexión) puedo seguir divagando sobre el tema.

No te dediqué la noche, Claire, pero te dedico un post.

jueves, 19 de marzo de 2009

Shut The Door



I break the surface so I can breathe
I close my eyes so I can see
I tie my arms to be free
Have you ever been free?
She's not breathing
She's not moving
She's not coming back
I burn a fire to stay cool
I burn myself,
I am the fuel
I never meant to be cruel
Have you ever been cruel?
She's not breathing
She's not moving
She's not coming back
Shut the door so I can leave


When I see things like that I wonder why did I stop playing drums... That was a stupid thing to do. Anyone wants to play with me?

By the way, the video is part of a documentary about Fugazi called Instrument, by Jem Cohen. I highly recommend it.

lunes, 16 de marzo de 2009

POTENTIA GAUDENDI

Hoy, en el curro, estaba leyendo Testo Yonqui y me he encontrado con un pasaje que voy a citar porque me gusta. Dice así:

Nombro la noción de "fuerza orgásmica" o potentia gaudendi: se trata de la potencia (actual o virtual) de excitación (total) de un cuerpo. Esta potencia es una capacidad indeterminada, no tiene género, no es ni femenina ni masculina, ni humana ni animal, ni animada ni inanimada, no se dirige primariamente a lo femenino ni a lo masculino, no conoce la diferencia entre homosexualidad y heterosexualidad, no diferencia entre el objeto y el sujeto, no sabe tampoco la diferencia entre ser excitado, excitar o excitarse-con. No privilegia un órgano sobre otro: el pene no posee más fuerza orgásmica que la vagina, el ojo o el dedo de un pie. La fuerza orgásmica es la suma de la potencialidad de excitación inherente a cada molécula viva. La fuerza orgásmica no busca su resolución inmediata, sino que aspira a extenderse en el espacio y en el tiempo, a todo y a todos, en todo lugar y en todo momento. Es fuerza que transforma el mundo en placer-con. La fuerza orgásmica reúne al mismo tiempo todas las fuerzas somáticas y psíquicas, pone en juego todos los recursos bioquímicos y todas las estructuras del alma.

Testo yonqui, de Beatriz Preciado.

Pues eso.

domingo, 15 de marzo de 2009

Sunny Sunday.

11.06: abro un ojo. Miro el reloj.
11.36: abro el otro ojo. Después de dormitar un rato es hora de levantarme. Corro la cortina. Por fin tengo cortina. Me gusta despertarme con la luz del día pero teniendo en cuenta que en esta ciudad en verano se hace de día hacia las 4 de la mañana, se agradece una cortina tupida. El cielo está despejado, casi barcelonés. Aunque a Helena le parece que falta intensidad en el azul, en Londres es muy raro no ver nubes.
Desayuno al sol un montón de tostadas. No me ducho porque no me gusta el agua y porque hemos dicho que iríamos a la Hackney City Farm y sino se hace tarde. Helena quiere ir y preguntar qué hay que hacer para ser voluntaria en el jardín. Me visto rápido, con la música fuerte y cantando. Hace mucho calor, es maravilloso.
Salimos y de camino pasamos por casa de mi prima, que también se viene. No está lista así que subimos a su terraza-terrado y nos sentamos al sol. Helena está resplandeciente con sus enormes gafas oscuras, su cigarro y su modelito pseudohippie para no desentonar en la granja. Desde la terraza se ven algunos tejados, me gusta este sitio. Comemos algunos trozos de fresa y plátano que María no ha terminado y nos vamos.
Con el sol de cara caminamos. Los coches van al revés, un negrata me pita: ¿hacía falta? No importa, hoy no pienso cabrearme. Helena y María charlan y yo, ligeramente avanzada, las escucho y observo mi entorno. Pasamos muy cerca de mi antigua casa, mi primera casa aquí. Me vienen muchos recuerdos y sensaciones. Lo bueno de ir con dos personas es que yo no tengo que hablar mas que cuando me apetezca.
Finalmente llegamos a la famosa granja. hay una masa de padres jóvenes y progres con niños y niñas multirraciales que caminan con las piernas y los brazos muy abiertos para mantener el equilibrio. Cerdos enormes y pelirrojos; ocas y gallinas sueltas correteando, persiguiéndose; corderitos (o norits) y su enorme madre; cabras, huerto, un burro. Agradable ambiente rural de ciudad, en definitiva, aunque demasiado bullicio familiar para mi gusto. Helena consigue preguntar sobre el voluntariado en el jardín (necesita socializarse en ingles ya y esa puede ser una buena manera) mientras yo meo. En el baño me doy cuenta de que, aunque agradable, todo es demasiado hippie. Me recuerda a mi escuela de EGB. Ahora que lo pienso, todo el lugar es un poco como mi escuela, incluida la gente.
Salimos de ahí hacia Columbia Road, que está al lado. Vamos al flower market a comprar flores para casa. A Helena le ha dado una verdadera perra con el tema plantas y me parece gracioso. Ojalá le dure, la verdad, porque a mi me gustan pero hasta los cactus se me mueren. El mercado es un caos y es muy caro. De golpe me veo inmersa en una marea de niños fashion, profesionales de mediana edad e ingleses de su pueblo que gritan ofertas casi ininteligibles. Me agobio. Helena va toda loca de puesto en puesto, buscando algo bueno-bonito-barato; María y yo la seguimos, como podemos, con cierto desánimo. Llegados a cierto punto decido que that’s it y que yo las espero al final del mercado, que mi mochila pesa mucho y estoy hasta los huevos. Me ofrezco a llevarme el ramo de flores rosalilosas conmigo para que Helena pueda seguir su cacería con más agilidad.
Y allí estoy plantada, mirando a mi alrededor, toda vestida de negro en el sol, arremangada, con la mochila también negra entre las piernas y el ramo rosa apoyado en mi brazo derecho, casi como si fuera un bebé. Me siento un poco ridícula y como en medio, pero nadie parece prestarme atención. Al poco veo a María que se acerca abstraída. Me ve: se ríe. No era mi olla, estoy graciosa. Nunca he sabido sujetar los ramos de flores, me resultan totalmente ajenos. Como antes le he dicho a Helena que por alguna razón me encantan los claveles, aparece con un ramo de ellos, rojos. Me gustan mucho los claveles, podrían perfectamente ser mi flor favorita. No sabría decir porqué pero los asocio a cosas buenas, a gente contenta después de una representación, al flamenco quizá, no se. Pero sobre todo me encanta regalarlos, a poder ser de uno en uno. Quedar con alguien que aprecias o te gusta y aparecer con un clavel. No se, quizá es porque me llamo Lola. Eso sí, el clavel siempre rojo, no hay duda.
Cargadas con ramos y plantas varias nos compramos algo de comer (bagel yo, samosa mi prima) y nos sentamos en un parque a observar unos niños realmente pequeños que están jugando a fútbol. Nos maravillamos con as habilidades del rubito vestido con uniforme del Arsenal; está claro que apunta maneras. María dice que de mayor será actor porque interpreta muy bien el papel de futbolista. La verdad es que no le falta razón.
Son las 3 y pico y el sol ha empezado a bajar y ha subido el frío. No nos engañemos, esto sigue siendo Londres. En Hackney Road nuestros caminos se separan y yo pesco el 26 hacia el curro. Voy muy pronto así que me acerco hasta el centro de arte de Southbank (BFI) a por un programa del festival de cine gay lésbico y a ver qué encuentro interesante por ahí. Siempre hay cosas que ver. Efectivamente veo una pequeña expo de fotos de un director de cine de algún lugar del este que no me gusta demasiado y luego me meto en una sala oscura donde pasan una y otra vez una obra (a mi me parece que llamarle obra a eso es pasarse pero bueno) que gira en torno una película que Kubrick nunca hizo: Aryan. En realidad el vídeo está muy bien y me resulta muy interesante así que lo veo dos veces. Pero lo interesante es que está construido a partir de una entrevista con la actriz que iba a hacer el papel principal y partes del guión, ambas cosas como voz en of sobre las imágenes que Kubrick rodó y recolectó mientras la preparaba. Me resulta impresionante ver cómo estaba preparando la película. Ver cómo estudiaba el cuerpo y los gestos de la actriz; los movimientos de cámara. Todas las imágenes tienen un algo misterioso, una rigidez (lógica, por supuesto, porque sólo son pruebas). Y me doy cuenta del enorme trabajo que hay que hacer y del que me queda por hacer y de cuánto me gusta mi profesión, aunque aun esté a años luz del maestro Kubrick.
Salgo de ahí encantada y relajada. Aun me queda un ratito. Me meto en la tienda y resisto la tentación de comprarme el pack de 9 pelis de Fassbinder por 45 libras pero no la de comprar una edición super completa de Salò por 15.
Cruzo caminando y escuchando Talk Talk el puente de Waterloo. Llego al curro. Hoy, como todos los domingos soleados, no va a venir nadie.
Ceno sirlon steak muy poco hecho con puré de patatas y ensalada. Hoy me dejan pedir lo que me de la gana. Al chef le parezco lo mas, le encantan todas mis bambas.
Me meto en el armario. Será una tarde plácida y tranquila. Al menos el sun-day no me lo ha quitado nadie.

lunes, 9 de marzo de 2009


No se muy bien dónde tengo los pensamientos.
No se muy bien si voy o vengo.
No se si coger o soltar, dar o recibir.
Cada momento es distinto. Ando circulando.

sábado, 7 de marzo de 2009


Hoy, de nuevo, mi pensamiento, mi fluir del día y mi intimidad han sido asaltadas.
Volvía de un agradable paseo por Broadway Market: buen tiempo, reencuentro con un lugar conocido, tartaleta de fresas estirada en el césped... Llegaba a casa, absorta en mis pensamientos y en la música que lo envolvía todo, estaba buscando las llaves en el bolso. Entonces noto una presencia a mi izquierda, pero sigo. Esa presencia se acerca y me toca ligeramente el hombro. Me giro, me saco los cascos, paro.

YO: sorry? what did you say..?

un teenager total me mira, bajito, feo, con granos y una pelusilla ridícula sobre el labio. Yo tengo más bigote que él. Espero su respuesta.

TEEN: ... uuhmm... eh.. what did you say..?

Estoy desconcertada. Es evidente que no me ha preguntado nada y está improvisando. Mil hipótesis pasan por mi cabeza. Los teenagers ingleses son conocidos por su violencia e insolencia, pero este no da mucho miedo, sinceramente.
Le vuelvo a decir algo en inglés pero a media frase él deja de caminar y se gira hacia sus compinches, a unos 20 metros de nosotros.

TEEN: it's a lady!! A LADY!!

Sigo el poco camino que me queda hasta casa. Go fuck yourself!, pienso. No me lo puedo creer. Entro. I'm home. Me cago en su puta madre.

Me siento enfadada. Enfadada porque por más que me lleva pasando esto desde que tengo memoria nunca deja de afectarme. No es que me vaya poner a llorar, pero me violenta. Me indigna que un mocoso venga e interrumpa mi vida, mi día, mi todo. Y no es que me importe que la gente pueda pensar que soy un tío, eso me da completamente igual, hasta me gusta. Lo que me molesta es esa invasión de la intimidad. No se porqué la gente cree que tiene derecho a pararme por la calle y preguntarme si soy hombre o mujer. Este no lo ha necesitado pero muchos otros lo hicieron antes. Simplemente me fascina, me parece completamente desconcertante y me hace perder la esperanza en la raza humana. ¿Por que dónde queda el respeto en esta mierda?

EL YO LATENTE

Esto lo escribí hace poco más de un año. Tuve un encuentro fugaz con una fotógrafa que me hizo reflexionar. Las fotos son suyas, aunque mal escaneadas por mi. El tiempo pasa y las cosas cambian, por dentro y por fuera, pero siempre algo queda.

El yo latente

Siempre me he sentido en medio de algo, en tierra de nadie. Como si mi ser formara parte de un terreno pantanoso. Como si estuviera entre dos zonas. Pero el hecho es que no es tierra de nadie, es mi espacio. Es mi ser y mi estar y mi vivir.
Siempre ha habido algo dentro de mi que me decía que un pequeño caos había reinado antes de mi nacimiento. Un caos creacional, me refiero. Yo debía haber nacido niño, los médicos lo dijeron, mis padres se prepararon para ello. Pero no. Allí aparecí yo, casi una intrusa, sin nombre y sin futuro. Y luego todo lo demás. Pantalones, niños, fútbol, el pelo corto. Nada de todo esto fue premeditado, simplemente vino. Porqué no ser amiga de los niños en le cole si con ellos me llevaba de puta madre. ¿Porqué ellos no me rechazaban como a las demás niñas, qué me hacía diferente? Recuerdo ya de muy pequeña ir con los niños a hacer cabañas al bosque y planear invitar luego a las niñas para “tocarlas”. Pero yo nunca estaba ni en un bando ni en el otro. Yo hacía cabañas pero si venían las niñas evidentemente no podía ni acercarme a ellas. Tenía que girarme o unirme a ese grupo al que por fisonomía pertenecía, aunque ni un solo niño osaba tocarme. Así que esas pequeñas “reuniones” me resultaban muy frustrantes.
Mas tarde crecí, y los niños empezaron a resultar realmente aburridos. Además parece que crecía rápido porque también las niñas me aburrían con sus juegos de “vale que..”. Así que en 5º me hice amiga de algo así como las margis de 8º, una de las cuales se chupaba el dedo compulsivamente. La otra, más líder y más amiga mía, explicaba mil historias realmente fascinantes de ella y su novio y sus amigos. Recuerdo un lunes, cuando nos explicó que había pasado el finde con su novio del pueblo y que casi lo hacen! Era tan emocionante. Sentarme allí con ellas y escuchar. No tengo ningún recuerdo de mi hablando, sólo de escuchar.
Al año siguiente todo pareció ponerse en su lugar. Las niñas empezaron a ser chicas y yo a sentirme integrada entre ellas, aunque siempre con esa sospecha, esa zona pantanosa moviéndose por dentro.
Pero a lo que iba, el caos creacional: durante un tiempo, al poco de "descubrir" mi homosexualidad, tuve esa fuerte sensación de que algo se había torcido en el último minuto. Tendía a pensar que debía haber nacido niño y que mi vida estaba destinada así, pero que algo había torcido los planes y me había hecho nacer mujer, complicándolo todo mucho. Es duro que con 16 años la chica más guapa del insti te diga que ojalá fueras un chico. Puede sonar a cumplido, pero en el fondo es muy duro. Porque yo nunca he querido ser un chico, ni lo he sido, ni lo seré. Y porque es una bofetada en la cara de cómo de difíciles van a ser las cosas con lo fácil que sería si fuera un hombre. Hasta hubiera podido enrollarme con la chica más guapa del instituto. Pero en vez de eso fui la rara. He de decir que lo de rara ya me viene de personalidad, pero lo de la androginia tampoco ayuda.
Nunca he sido una marginada sin amigos. Nunca he sido realmente rechazada, es más me he sentido muy apoyada , pero siempre con esa neblina de incomprensión. Siempre sintiendo en el fondo que donde yo estaba no podía estar nadie, por mucho que lo intentaran.
A veces parte de mi se siente hombre. La mayor parte del tiempo me siento una mujer medio escondida. Y otras veces no me siento nada, ni un cosa ni la otra. Como si formara parte de un tercer género en vías de desarrollo o algo por el estilo. Y es que ¿qué es ser mujer o ser hombre? ¿Porqué hay que escoger? ¿Porqué no puedo ser las dos cosas? O ninguna.
A mi me gusta ser como soy. Y me gustan las chicas que son como yo. Pero a veces me sorprendo a mi misma intentando ser mas “femenina” de un modo aterradoramente inconsciente. Otras veces pienso que en el fondo me gustan los hombres. Y a veces no se ni quién soy ni qué quiero ni qué me gusta ni cuánto de mi hay realmente en todo ello.
Y ese sentimiento de no pertenecer me hace sentir tan profundamente sola y aislada. Sola en el mundo, en una sociedad donde no existo porque no soy ni A ni B. Se que no soy la única que se siente así. Hay otras como yo y supongo que cada una lo lleva como puede. Quizá hablarlo con alguna de ellas me ayudaría a comprender, pero parece que algo me empuja fuera, lejos, y me margina en mi pequeño mundo.
Siento por dentro que hay algo que está mal y que lucha por salir. Otro yo latente.
Un yo que necesita expresarse, explorar, descubrir. Un yo mucho más fuerte del que soy ahora.
Una nueva versión de mi, completa, sin zona pantanosa ni As ni Bes ni nada. Sin miedo a ser el eslabón perdido de una sociedad bipolar.

jueves, 5 de marzo de 2009

Oryx and Crake

Hoy he terminado de leer uno de los libros que más me ha gustado en mucho tiempo. Un tochaco increíblemente interesante. Y me parece una muy buena ocasión para empezar el blog. La primera página reza:

Hombre de las Nieves se despierta antes del amanecer. Se queda tendido, inmóvil, mientras escucha la marea que sube, chis chas, chis chas, el ritmo del corazón. Cuánto le gustaría creer que aun está dormido.
En el horizonte, hacia el este, se levanta una neblina gris, iluminada ahora con un resplandor mortecino y rosáceo. Qué raro que ese color siga pareciendo tierno. Las torres de la costa recortan sus siluetas oscuras contra ella y se elevan extrañamente contra el rosa y el azul pálido de la bahía. Los graznidos de las aves que anidan allí y el batir lejano del mar contra los falsos escollos, que en realidad son piezas oxidadas de coches y ladrillos amontonados y cascotes varios, suenan casi como el ruido del tráfico en un día festivo.
Por pura costumbre mira el reloj de acero inoxidable, con su gastada cadena de aluminio, aún reluciente aunque ya no funcione. Ahora es su único talismán. Lo que le muestra es un rostro en blanco: las cero horas. Esa ausencia de tiempo oficial le produce un escalofrío de terror. Nadie, en ninguna parte, sabe qué hora es.

Oryx y Crake, de Margaret Atwood.

PD: agradezco a Mercè por, ni corta ni perezosa, hacerme llegar este libro como regalo de cumpleaños, pese a que yo viva en una isla.